Portada Ignacio Martín - Escritor

Ignacio Martín nos regala un hermoso texto que se encuentra entre la novela y la poesía. Novema Es difícil. Porque este libro tiene todos los libros que habitan dentro de Nacho. Aquí, el autor nos comparte, entre otras cosas, lo que fue su vida con el poeta Julio Vélez.

La poesía es un instante en la memoria; perdura en nuestro tiempo y se hace eterna en los recuerdos.

 

Ignacio Martín nos regala un hermoso texto que se encuentra entre la novela y la poesía. ¿Novema? Es difícil. Porque este libro tiene todos los libros que habitan dentro de Nacho. Aquí, el autor nos comparte, entre otras cosas, lo que fue su vida con el poeta Julio Vélez.


Es un libro de amistad, de duelo; del encuentro consigo mismo; de nostalgia por el pasado y esperanza por lo que está y por lo que nos habita.

Título: Función Negra.
Autor: Ignacio Martín.
2ª Edición.
ISBN: 978-968-9462-01-9

Fotografía de la portada:
Luis Fernando Escalona
Comprar libro Función Negra de ignacio Martín
Una conversación con un amigo; un diálogo literario en la cabeza del que escribe; un libro de duelo, de viaje; una reflexión sobre el acto creativo, sobre el hecho de escribir.
Función negra es todo eso y, sobre todo, un homenaje a Julio Vélez, poeta, maestro y persona maravillosa. Va por usté...

FUNCIÓN NEGRA

Encontré este libro rebuscando entre mis ganas de escribir, de recordar para seguir en el camino. Lo encontré en la tristeza de un amigo muerto, en la certeza de un maestro vivo, en la necesidad del testimonio.


Encontré este libro; y me di cuenta de que era una conversación: con otros libros, con mis fantasmas.


Encontré este libro, y me di cuenta de que no era un libro, porque era muchos libros; de que no tenía género, porque no existen, o porque sólo hay uno; de que no tenía orden porque, en cada paso, había que volver a comenzar el camino.Encontré este libro, y me di cuenta de que no era un libro, porque era muchos libros; de que no tenía género, porque no existen, o porque sólo hay uno; de que no tenía orden porque, en cada paso, había que volver a comenzar el camino.


Por si acaso, todo empieza en un viaje concreto que, además, tiene algo de iniciático; en busca de algo, quizá de mí mismo: todo es un homenaje a un amigo muerto, pero también la seguridad de que mientras viva en lo que hago, lo que hacemos, será más que un recuerdo.


En fin, que se podría buscar, hacia el final, algo como un principio, y hasta el título; y volver al principio, y seguir.


En fin, que, como todo, podría tener un orden, pero no le hace falta, que ya, antes, alguien había escrito Pedro Páramo, El bosque sumergido, Los fuegos pronunciados, El libro de los abrazos; tantos otros…


Que ya antes alguien había escrito Rayuela; y nos había regalado a la Maga diciendo que nos volviéramos cronopios…


Que ya antes Vallejo, e id a buscarla, y todavía

 

Función Negra

V


El vuelo del pájaro. Giacometti. El espacio y el tiempo suspendidos. El zarpazo feroz, fuera de todo, de la muerte.

Este viaje parece ya no tener sentido, ya no sé qué buscar, me hice más viejo de repente, no sé si me quedan raíces.

Te veo esperarme, alegre, pero la amargura está en mis ojos; el tiempo detenido, tus besos, que esperaba, los siento extraños, duelen…

Tardaré en decidirme, aunque tú, ya me conoces, algo me habrás notado. En medio de los besos, me escocerán las lágrimas; de repente, podré decir: ha muerto.

No es un sueño, es una broma macabra de un día cruel, de una Navidad cualquier cosa menos entrañable. La mente, que no para, a veces se queda blanca y lúcida; es peor, porque ahora mismo es casi imposible ver algo que parezca futuro.

 

Sólo odio a la muerte
cuando la pienso en vosotros.

 

Mierda, lo dijo él. ¿Cómo es posible?

 

 

 

Función Negra
XXXII


Puede que estemos en la mesa de un café, o en casa; quizá vamos en tu coche, en el viejo Percherón. Puede que no estemos, que lo que pase es que nos están siendo. Puede que Quevedo tuviera razón, que no haya más que humo; o puede que la tuviera Vallejo, y Dios esté, pero se haya puesto enfermo; o que Santiago de Chuco se haya vuelto las cuatro paredes de la celda; o estuviera en París con aguacero.Puede que estemos en la mesa de un café, o en casa; quizá vamos en tu coche, en el viejo Percherón. Puede que no estemos, que lo que pase es que nos están siendo. Puede que Quevedo tuviera razón, que no haya más que humo; o puede que la tuviera Vallejo, y Dios esté, pero se haya puesto enfermo; o que Santiago de Chuco se haya vuelto las cuatro paredes de la celda; o estuviera en París con aguacero.


Puede que no llueva en París.

Puede que en esta tarde, que no es tarde ni tiempo, todos pasen, y ni pregunten, ni nos pidan nada: puede que hayamos muerto un poco.

Puede que Pedro Rojas se haya vuelto Páramo, tantito.

Puede que masa ya sea sólo mundo, sin cadáver.

Puede que el fuego se pronuncie en Trilce.

Puede que Julio Vélez no haya muerto, que esté en un libro que alguien está escribiendo por las noches, que tampoco son noches.

Puede que todavía.

Puede que odumodneurtse.

 

Derechos reservados © por Ignacio Javier Martín Sánchez