De tianguis
De tianguis
¡Mamá, he comido sandía! Mi primera llamada telefónica, hace ya un buen tiempo, o sea, hoy, o ayer, según si la crónica sale publicada el 29 o el 30, pero bueno, ustedes se hacen una idea. Pues eso, que cuando hace nueve años llegué y me dispuse a hablar por teléfono con mi señora progenitora y demás familia, para el tradicional he-llegado bien, un poco absurdo cuando uno viaja en avión, porque si pasa algo, sales hasta en CNN, pues lo primero que dije fue: ¡coño, es diciembre y aquí hay sandia! …Entiendan, por favor, que, para un europeo, comer sandía el día de los inocentes es como ver nevar para un saharaui: un encontronazo con el realismo mágico.
Y eso no es todo; la, en estos momentos, ya famosa sandía (y cacofónica), la vi y la compré en un tianguis, un mercadillo; lo que en muchos lugares de España llamamos "rastro".
Para los mexicanos, imagínense la broma: que a un mexicano parlante le digan: "he ido al rastro", pero pensando en un tianguis. Pues ocurrió, y que me perdone mi cuñada por contarlo. Hace un par de años estuvo por aquí de visita, y al día siguiente de llegar, le contó a un amigo de acá que la habíamos llevado al rastro. El pobre mexicano que oyó aquello decidió, por supuesto, que eramos una familia muy extraña y que Europa era un continente en total decadencia.
Hechas estas múltiples digresiones, regreso a mi encuentro cercano del tercer tipo con la sandia; creo que esa primigenia visita a un tianguis provocó algún tipo de efecto, porque me encanta pasear por ese reducto prehispánico de nombre y, a la vez y no obstante, tan mestizo. Porque puedes encontrar yerberos, que te venden desde manzanilla hasta tepezcohuite o cuachalalate, pero a la vez, cidís piratas, mochilas de las chicas superpoderosas o puestos de frutas que te ofrecen buenas, bonitas y baratas manzanas procedentes de Canadá.
Es más, una de las razones por las que sigo viviendo donde lo hago es porque me encanta ir los domingos a pasear por el famoso tianguis de Obrero Mundial.
Puestos de comida llenos de gente desde las nueve de la mañana hasta las cuatro de la tarde. Paseantes y compradores habituales, entre los que me incluyo, conviviendo con visitantes ocasionales. Algunos de éstos son gente que alguna vez vivió por acá y recuerda unos tacos de carnitas, o de bisté con nopales que son, ya sabe usted, los-mejores-tacos-que-he-comido-en-mi-vida… No sé si es cierto o más bien es algo como hambre teñida de nostalgia, pero por eso digo que el tianguis es famoso.
Prueben, prueben, güeritos… Patroncita, cuánto le pongo de chile… Lleve sus…
Podría ser un buen propósito de año nuevo, si no suelen visitar los tianguis, hacerlo, seguro que tienen uno cerca. Pues eso, que ya me contarán…
Les deseo lo mejor para el 2002, año capicúa, que diríamos en España, en el que mi pueblo, Salamanca, será capital cultural europea. Un saludo a todos por allá.
Diciembre 2001
Y eso no es todo; la, en estos momentos, ya famosa sandía (y cacofónica), la vi y la compré en un tianguis, un mercadillo; lo que en muchos lugares de España llamamos "rastro".
Para los mexicanos, imagínense la broma: que a un mexicano parlante le digan: "he ido al rastro", pero pensando en un tianguis. Pues ocurrió, y que me perdone mi cuñada por contarlo. Hace un par de años estuvo por aquí de visita, y al día siguiente de llegar, le contó a un amigo de acá que la habíamos llevado al rastro. El pobre mexicano que oyó aquello decidió, por supuesto, que eramos una familia muy extraña y que Europa era un continente en total decadencia.
Hechas estas múltiples digresiones, regreso a mi encuentro cercano del tercer tipo con la sandia; creo que esa primigenia visita a un tianguis provocó algún tipo de efecto, porque me encanta pasear por ese reducto prehispánico de nombre y, a la vez y no obstante, tan mestizo. Porque puedes encontrar yerberos, que te venden desde manzanilla hasta tepezcohuite o cuachalalate, pero a la vez, cidís piratas, mochilas de las chicas superpoderosas o puestos de frutas que te ofrecen buenas, bonitas y baratas manzanas procedentes de Canadá.
Es más, una de las razones por las que sigo viviendo donde lo hago es porque me encanta ir los domingos a pasear por el famoso tianguis de Obrero Mundial.
Puestos de comida llenos de gente desde las nueve de la mañana hasta las cuatro de la tarde. Paseantes y compradores habituales, entre los que me incluyo, conviviendo con visitantes ocasionales. Algunos de éstos son gente que alguna vez vivió por acá y recuerda unos tacos de carnitas, o de bisté con nopales que son, ya sabe usted, los-mejores-tacos-que-he-comido-en-mi-vida… No sé si es cierto o más bien es algo como hambre teñida de nostalgia, pero por eso digo que el tianguis es famoso.
Prueben, prueben, güeritos… Patroncita, cuánto le pongo de chile… Lleve sus…
Podría ser un buen propósito de año nuevo, si no suelen visitar los tianguis, hacerlo, seguro que tienen uno cerca. Pues eso, que ya me contarán…
Les deseo lo mejor para el 2002, año capicúa, que diríamos en España, en el que mi pueblo, Salamanca, será capital cultural europea. Un saludo a todos por allá.
Diciembre 2001
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