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Portada de 'Edición de autor', de Ignacio Martín

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Aproximaciones a un Chilangoccionario


¡Oh! Está de pelos, ¿cómo crees? Escribir en la ueb, ¡qué súper! Aunque, la verdad, lo que no entiendo, ¡ay!, ¡guácala de perro!, lo que no entiendo es que escribas de algo tan naco como esto, de verdad, es que cómo son los intelectuales.

¡Oh, la la! El fresa, la fresa, la jerga frutitontícola. Les diré que éste es un tema en el que confluyen la Astronomía y la Filología, quizá hasta la Física. Veo sus caras de extrañeza -más bien de qué-chingaos-se-fumó-este-güey- y corro raudo a darles la explicación. Además, empírica. ¿Ustedes han paseado alguna vez por las zonas fresas, o pijas, o como se llamen, en cualquier ciudad, no sé, Madrid, Buenos Aires, Lima o el Distrito Federal, a horas de alta afluencia de personal? Si no lo han hecho, no disparen al científico. Yo no he estado en todos esos sitios, pero he visto películas. Y todos hablan igual, se lo juro. El sonsonete, esas eses cuyo nivel de decibeles ya quisiera para sí una anaconda amazónica, esas palabras como con supina flojera, son idénticas. Por lo tanto, la conclusión es fácil y ahí es donde entran las ciencias antes mencionadas: tienen que ser extraterrestres, como los burócratas de ventanilla. Son tan iguales que eso no puede ser normal. Sí, sí, riánse, pero el día que haya una abducción colectiva...

¿Ya bisteces, qué morongas? Este uso lingüístico, que por obvias razones relacionadas con alcurnia y posición social, no domino con amplitud, es otra jerga, ésta sí eminentemente chilanga. Además, su progresión es geométrica, esto es, se extiende por la ciudad a la velocidad de la luz, que es a la que creo que circulan los microbuses, ¿no? Claro, simón, cámara güey, ¿ya viste el ford ka?, no, güey, es que, ca, no manches, ca... Bueno, esta jerga, que científicamente se conoce como hispanicus tepiteniensis, se caracteriza, en la actualidad, por haber perdido gran parte de su riqueza idiomática y abusar de los apócopes, vamos, para que dejen de mentármela, ya no se inventan tantas maravillosas palabras y todo termina en ca. O sea, que uno no sabe si es tepiteño, swahili o ucraniano.

¿Qué me ven? Claro, están sorprendidos del nivel científico que manejo el día de hoy, ¿ah, verdad?

Y no son las únicas variantes dialectales de este concepto filosófico que pudiéramos bautizar como Chilangoñol, o Espalango.

Otros sujetos objeto de estudio, las señoras bien, sobre todo, de Polanco, las Lomas, Tecamachalco, hablan una variante del fresa, pero como golpeada, vamos, que hablan como manejan sus camionetotas.

Quede ahí, de momento, el análisis.

Por su parte, el mundillo intelectual, ojo, que no lo digo yo, que así se autonombra, se suele caracterizar por la rimbombancia, en continente y en contenido. Sin embargo, no están exentos de las patadas al diccionario, a la gramática y, a veces, hasta al sentido común. Pero bueno, como son los inteleituales...

Este botón, que no es más que una muestra, nos habla de que la riqueza idiomática de esta ciudad es palpable. Por supuesto que al hablar de riqueza el asunto es meramente cuantitativo, porque muchos de los hablantes prestan el mismo interés a su lengua, (idioma, pues, bola de albureros) que al ascenso y descenso de los Cetes, por decir. Porque, claro, ahí tiene que ver la lectura, las ganas… de saber, y, seamos realistas, la gran mayoría lo único que lee son los recibos, de la luz, el gas y, quien lo tiene, el del teléfono.

Pues siento decirles, señoras y señores, que no hay de otra, que a andar sólo se aprende andando.

Pero bueno, yo no pierdo la confianza en Harry Potter...

Ojo, en el del libro, no en la película, aunque tampoco está mal.
 
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